martes, 6 de julio de 2010

Factor clave en la Salúd Pública


No hay camillas. Tiene que esperar. Así funciona esto, si no le gusta, vaya a una clínica. No hay médicos. Espere su turno. Pasa todos los años.

Sólo son algunas de las típicas charlas que existen en los servicios de salud púbica en nuestro país.

El invierno para todos puede ser muy crudo. El frío y el cambio de temperatura afecta directamente a las defensas de tu cuerpo. Resfrío y bronquitis, ¡Qué típico! Y muy fácil de superar. Voy a la Clínica Santa María, me reciben con buena cara. El Dr. Cristóbal Bulnes Larraín me atiende. Por último, me entrega una receta médica. Con una sonrisa me despido. Pago en caja y me voy.

La otra cara de la moneda. Esa que realmente esta época puede ser muy dura. Vamos al hospital. Entramos, mientras que ese olor a falta de aseo te pega en la nuca. La recepcionista te mira con cara de "¿Estás seguro de lo que estás haciendo?" o "¿Tanto tiempo libre tienes?". Comienza la espera. Más de 7 horas esperando en una silla sentado, en un pasillo del hospital. Miras a tu alrededor, y ves a un pobre lactante respirando lo último que queda en los tanques de oxígeno. Al otro lado, ves cómo un botellazo en la cabeza puede dejar a un hombre con la cabeza tan partida. Tienes frío. La gente a tu alrededor puede estar aún más enferma que tú. Al final, terminas con más dolores con los que llegaste. Te recibe una enfermera que aún se arrepiente de haber estudiado el área de salud. Te traspasa al médico. Te entrega unos consejos de cómo puedes mejorarte, mientras saca los pedazos de botella del cráneo de otro paciente. No te despides. No tienes porqué hacerlo.

Ya con leer los dos párrafos anteriores se puede inferir con cual te quedarías.

El problema siempre ha sido criticar al gobierno por la falta de preocupación entregada a los servicios públicos. Es muy justificable y se puede entrar en debate sobre ello.

Otra disyuntiva muy relevante en este caso, es la falta de vocación que existe entre los funcionarios de la salud pública. No hay médicos. No hay enfermeras. "Para qué quiero trabajar en el Sótero del Río si puedo estar en la Santa María".
Es una justificación muy válida. Pero a su vez se juega con la salud de las personas. Aún más importante, se juega con la dignidad de la sociedad.
Lo que faltan son médicos que sientan vocación por lo que hacen. Que descubran cuál es su objetivo en la vida y porqué quisieron estudiar medicina.

¿Llegaremos a resolver este problema?

Sólo si creemos en que nuestro país se fortalece cuando sacamos una sonrisa. Que se hace más grande si ayudamos a los demás. Si el individualismo deja de ser un actor escencial.

Es ello, lo que nos hace ser más grandes, de espíritu, de alma y de mente.

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